Niágara. 4a parada

Que frío. Al estar al lado del río y ser una zona más abierta la sensación térmica es más baja, estamos a -2. El día que nos íbamos cayó nevada por la noche. A Mai no le gusta demasiado el frío y pide ir siempre en brazos aunque ya está sana y camina. Lourdes es la que ha cogido un poco de resfriado.

Nos hospedamos en el Marriot con vistas a las cataratas desde el piso 28. Merece la pena porque estás vistas no se tienen de otra manera y se ven las luces que la iluminan por la noche.

Fuimos a una atracción de cine donde los asientos se movían y soltaban perfumes y vapor de agua según la escena. Parecía que volábamos. A Mai le flipo y tuvimos que volver a subir.

Estuvimos en la antigua central hidroeléctrica, había q bajar 300m en ascensor para ver los túneles por donde pasaba el agua. Una gran obra de ingeniería de principios del siglo pasado que generaba mucha energía y se podía transportar bastantes kilómetros. Sirvió durante 70 años y luego se sustituyó por otras centrales más modernas en otra parte del río.

En Niágara hay una calle de atracciones y luces como si fuese las Vegas.



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